50 sombras de Grey; 50 bostezos de Pato

Confieso que no me he leído los libros. Al menos así podéis seguir queriéndome. No soy de best sellers, mucho menos de ese tipo de obras, totalmente respetables, que no aportan nada a la literatura salvo cientos de miles de dólares en el bolsillo de unos cuantos afortunados. Y después de este zasca, voy al grano: en la noche del viernes reuní a siete amigas en casa para ver 50 sombras de Grey. Sí, me la descargué porque me recomendaron que no pagara por “esa mierda de película”. “Jolín”, pensé, “no será tan mala cuando por lo menos echan unos kikis salvajes en la peli”.

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