Las enfermedades de las mujeres

Esta mañana, una compañera de la redacción me comentaba la noticia sobre el embarazo de Susana Díaz, presidenta de la Junta de Andalucía. Alucinaba con los comentarios de algunos que enfatizaban con la idea de que con un embarazo no podría desarrollar sus funciones como hasta ahora había hecho. Hasta la mismísima Soraya, que también parió estando en un puesto de responsabilidad y entrada en años, tuvo que salir a defender a la andaluza diciendo que “solamente estaba embarazada, no enferma”.

Escribo esto porque el fin de semana descubrí un vídeo que me ha ayudado bastante. En él, una jovencita youtubera denuncia lo gilipollas que llegamos a ser los seres humanos cuando intentamos “entender” una enfermedad, cuando intentamos ponernos en su piel. Se llama Rikki Poynter y es sorda. Y tiene un canal de Youtube. Y habla. Es ingeniosa y lo demuestra en el vídeo. Os lo pongo para que os riáis mucho con ella. Resumirlo sería faltar a la verdad:

Ser sorda es invisible. Y mi historia durante, al menos, los últimos 6 años. Bueno, al menos, parcialmente sorda. En 2008 tuve un novio que se cansó de tener que repetirme las cosas. Yo decía mucho eso de “¿Eh?” y llegó un momento que el chaval no pudo más. Me llevó a GAES. No me lo sugirió. Tan solo cogió una cita y me arrastró allí. Fui con una amiga, que también repetía mi coletilla, para ver si las dos estábamos igual de sordas o si, por el contrario, solamente era falta de atención.

Entré la primera a la cabina insonorizada. Me pusieron unos cascos incómodos y me dijeron que levantara la mano cada vez que escuchara un sonido. Primero un oído, luego el otro. Recuerdo como si fuera ayer la cara de la mujer de la tienda. Pasmada, con la boca gesticulando como: “madre mía ésta está más sorda que una tapia”. Pero  no le di más importancia. Luego entró mi amiga a repetir la misma operación. Al terminar, la mujer me sentó y me dijo: “Patricia, en el oído izquierdo tienes una pérdida del 50% de audición y en el derecho un 38%”. ¿Hola? ¿Me está diciendo usted que estoy medio sorda? “Sí, debería consultarlo con su otorrino”, me soltó.

Da la casualidad que de pequeña me encantaba decir la palabra otorrinolaringólogo. También, una vez, de pequeña me reí de un chaval que llevaba un audífono. De pequeña era muy zorra y el karma siempre vuelve. Eso lo tengo claro.

El caso, que fui al otorrinolaringólogo a meterme otra vez en la dichosa cápsula insonorizada para hacerme una audiometría, que así se llaman. Y el resultado volvió a salir nefasto: tenía una pérdida de audición bastante importante. “No sé cómo su hija se ha sacado dos carreras y el carné de conducir con la sordera que tiene”, le dijo el cachondo del otorrino a mi madre. Total, que mi caso lo derivaron al hospital donde, después de varias pruebas, encontraron que tenía una enfermedad que se llama Otosclerosis. “Eh, pero me está diciendo que tengo esclerosis, señor otorrino con cara de Papá Noel?”, le dije. “No, la otosclerosis solamente está localizada en los oídos. Pero no tiene cura”.

JA-JA, qué cachondo el gordo. Me prohibió buscar información sobre mi enfermedad y programó una operación (bueno, programar tampoco, que las listas de espera estando Esperanza Aguirre en el poder eran bastante largas). El caso, que me citaba a una cita romántica en el quirófano (muy frío, por cierto) del Hospital Severo Ochoa de Leganés. Y allí fue donde un 15 de diciembre de 2009 un señor que se parecía a Papá Noel una barbaridad (y reputado otorrinolaringólogo, todo hay que decirlo) me quitó un trozo insignificante del oído medio (el estribo, ni más ni menos) y me puso a modo robocop una prótesis de titanio súper molona que mejoraría mi audición y evitaría que repitiera tanto el “¿Eh?” con cara de vinagre.

Estuve unos meses jodida, jiji, jaja, qué mareos, que poto y todas esas cosas pero al final me recuperé. Lograba escuchar cosas que hasta ese momento no escuchaba. Empecé a descubrir un mundo nuevo. Pero siempre con la idea de que mi enfermedad no tiene cura, que sólo me han hecho un remiendo y que dentro de 20 años seré sorda.

Desde ese momento no hay día que no piense y pida a Dios o a quién sea que sea capaz de hacerlo que consiga una cura, no sólo para esta enfermedad que me atrona por dentro cada día, sino para el resto. Y sobre todo, que encuentre solución a lo gilipollas que son algunas personas que no entienden que otras tantas, más de las que ellos piensan, tienen problemas para escuchar las gilipolleces que salen de sus bocas.

Solamente me ha costado 6 años escribir sobre este trauma que me hace llorar, que me hace sentir mal cada vez que no escucho a alguien, que no tengo respuesta cada vez que me hablan o cuando tengo que subir un pelín más el volumen de la tele, de la radio o del teléfono, porque sé que el paso del tiempo juega en mi contra.

Así que si este post sirve de ayuda igual que me ha servido el vídeo arriba mencionado, bienvenido sea.

 

PD. Gracias, Johana, por quererme como realmente soy.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s