Unos pocos euros

No toca hablar de sexo. Dentro de poco no lo vamos a poder practicar y os voy a decir por qué.

Mi padre me contaba que cuando era joven no tenían dinero para el cine, ni para el teatro, ni siquiera para permitirse el lujo impuesto en el siglo XXI de “tomarse unas cañas”. Vivían al día, trabajaban muchas horas y cobraban poco. Aún así, conoció a mi madre en una discoteca con su modelo a lo John Travolta en “Fiebre del sábado noche”, rulo en la frente incluido. Se casaron, encontraron una casa y la compraron. Tardaron muchos años en pagarla, pero con esfuerzo, sudor y lágrimas la terminaron de pagar. Nací yo, este prodigio de la naturaleza que os escribe estas palabras, me pagaron mis estudios en la Universidad y me dieron la mejor educación que se puede recibir.

También me contó que en su época existían los serenos, esos hombres que abrían las puertas de los portales del Madrid de los años 70. Hoy, un hombre en una tertulia televisiva ha dicho que el Estado debería ahorrar en luz, así volverían los serenos a las calles de Madrid y todos estaríamos mucho más seguros. Incluida la niña de Rajoy, que ya debe estar crecidita y seguro que a sus padres les da miedo que vaya sola por la calle.

También han dicho esos señores del Gobierno que van a hacernos pagar unos pocos euros más por los medicamentos que hasta hoy mismo conseguimos de forma más o menos barata. Y lo conseguimos barato porque hace unos cuantos años a alguien se le ocurrió inventar el sistema de la Seguridad Social, sí, ese al que aportamos todos los trabajadores unos pocos euros para que esos medicamentos nos salga un poco más baratos. Yo propongo que se elimine el sistema de la Seguridad Social, así, cuando la niña de Rajoy se ponga mala tendrá que pedirle a papá mucho dinero para poder pagarse su medicación. Que total, somos muchos españoles, y mejor que nos vayamos muriendo así rapidito para ahorrarles a los políticos disgustos innecesarios. Fijate, sería muy divertido volver a vivir como lo hacían nuestros abuelos, pariendo en las casas y curando las enfermedades con paños de agua fría en la frente. ¡Ay, so pijos! ¿Qué necesidad tenemos los españoles de tener las mejores tecnologías para, qué sé yo, curar el cáncer?

Y lo último que me han dicho es que el año que viene los universitarios tendrán que pagar el doble por ir a unas clasecitas de ná. Dicen que hay muchas universidades y demasiadas carreras. Fíjate, justo en el momento en el que piden en las entrevistas de trabajo que seas ingeniero y que también sepas hacer un trasplante van y dicen que hay mucha diversificación. Dice mi padre que eso también pasaba antes con los cuarteles, que había muchos y muy variados y que, al final, se acabaron quedando despoblados. Yo propongo que dejen solo una universidad por Comunidad Autónoma. ¡Qué coño! ¡Que quiten las Comunidades Autónomas también, que hay mazo! Y así, el resto de edificios que se queden vacíos se pueden volver a convertir en cuarteles y todos tan contentos.

Y con todas esas mierdas mis padres consiguieron vivir felices pero sin comer perdices, que no les gustan. Aunque nos hagan volver a todo eso, yo propongo que salgamos adelante, pero con tres cojones, para que nuestros hijos, algún día, puedan estar igual de orgullosos que lo estamos nosotros ahora de nuestros padres, aunque sea con unos pocos euros.

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