La crisis de los 30

Como dije en post anteriores, ninguna de mis amigas de las que hablo en este blog tiene 30 años, ni yo misma. Pero hay días que nos planteamos qué cojones estamos haciendo con nuestra vida. Sirva, a modo de ejemplo, la tontuna que hicimos un día cualquiera de la semana pasada:

– Llegan las 5 de la tarde. Quedamos para patinar (sí, esas cosas normales que se hacen con veintipico años en lugar de ir a emborracharnos para empezar bien el finde). Patinamos, o más bien, intentamos deslizar las ruedas por el carril bici del parque que, como podéis imaginar, no está en perfecto estado. El caso es que nos impulsamos tres veces y nos paramos, porque lo que vamos hablando es bastante más importante que hacer ejercicio. Paramos, una se saca un cigarro, otra no suelta el móvil (de última tecnología claro) y la otra suelta la pregunta del millón: “Oye, ¿vosotras le coméis el ojete a los chicos? Así, sin miramientos de ningún tipo, sin avisar. La que está fumando se queda sin respiración, la del móvil levanta la cabeza sorprendida… y viene la carcajada. Decimos, muy dignas, que eso EN LA VIDA lo vamos a hacer y continuamos patinando mientras cada una recrea la situación en su mente.

– Mientras ponemos a tono nuestras piernas y nuestros culos para la operación bikini, a una se le ocurre, así porque sí, que quiere ir a la peluquería a cortarse el flequillo. Pero claro, no se lo puede cortar un/a peluquero/a al azar, tiene que ser su nuevo “amigo” gay que le deja el pelo a la perfección. Total, segundo cigarro en cuatro ruedas, nos montamos en el coche (sin patines, claro) y nos vamos a que la señorita se corte el flequillo. En la radio suena Alejandro Sanz con uno de sus temazos. Son las 7 de la tarde y estamos en un parquing cantando a grito pelao “Mi soledad y yo” como si se nos fuera la vida en ello.

Y yo me pregunto: ¿Qué coño nos pasa? ¿Es normal? ¿Le sucede a todo el mundo? ¿Por qué parecemos gilipollas? Parece que ninguna sabe la respuesta. Pero yo, que soy muy lista además de rubia y simpática, tengo la solución a nuestros/vuestros problemas:

– Echaos un novio que os asiente la cabeza.

– Echaos un novio que os empotre contra la pared.

Si lo encontráis y tiene amigos que estén majetes no me los presentéis, yo no tengo ninguna crisis.

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