No quiero hacer periodismo desde la silla de la redacción

Primero fue Túnez, luego Egipto y a los pocos días Libia, Siria, Yemen y Bahréin estallaban en cólera, se levantaban contra los dictadores que les han estado mangoneando desde tiempos inmemoriales. Pero esta historia ya os la sabéis, supongo. Los encargados de contarnos todas estas revoluciones, revueltas, manifestaciones o guerras, han sido y son periodistas, compañeros de profesión que se están jugando la vida (en algunos casos) y viendo las noticias desde el hotel (en la mayoría).

Algunos fueron secuestrados, apaleados  y en el peor de los casos, alguno perdió la vida por mostrar al mundo lo que estaba sucediendo. Estaban contando lo que pasaba, la actualidad, lo que leerán nuestros hijos en sus libros de historia, lo que contarán nuestros padres en las residencias de ancianos, y lo que estaremos orgullosos de contar aquéllos que alguna vez pudimos seguirlo en directo en castellano, inglés, francés y, a veces, en árabe (aunque reconozco que no sabía qué decían, pero Al Jazeera tiene muy buenas informaciones, todo hay que decirlo).

Llevo mucho tiempo pensando en irme de España, en desaparecer un tiempo y montarmelo sola, pero por temas económicos, nunca he dado el paso. Esta tarde he leído un post en una página que me ha sorprendido mucho. Se titula Curso para ser corresponsal de guerra y, entre otras lindezas, dice que “la corresponsalía de guerra como profesión romántica es cosa del pasado”, que los corresponsales salen del hotel “lo menos posible” y que “pagaremos a un informador (soplón) aborigen para que nos haga el trabajo sucio a cambio del jabón y el botecito de champú del hotel”.

No sé cuánto de verdad tendrá esto, supongo que en parte será cierto que algunos periodistas no se la juegan tanto, como, por ejemplo, está sucediendo en Fukushima que todos han salido “por patas” y se regodean de la información que ofrecen supuestamente desde allí.

Pero bueno, el caso y a lo que voy, que me quiero ir de aquí, que si alguno no se la quiere jugar que se venga a España que yo, gustosamente, me voy a donde ellos estén! No quiero contar lo que sucede en el mundo desde la silla de la redacción. Por eso, mañana mismo me apunto a estudiar nuevo idioma!

 

 

PD. Siento no hablar de sexo ni de ciertas fiestas, pero hay veces, que la ocasión lo merece.

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Un comentario en “No quiero hacer periodismo desde la silla de la redacción

  1. Estoy completamente de acuerdo contigo. El año pasado me leí «Hasta aquí hemos llegado», la autobiografía de Enrique Meneses, donde el veterano periodista cuenta sus andanzas por el mundo. Desde entonces, siento que la silla de la redacción (y el sofá de casa) me queman el culo y estoy deseando terminar la carrera para irme a Inglaterra a aprender inglés y, desde allí, comprarme un billete de ida con destino adonde sea.

    Si el romanticismo ha muerto, habrá que revivirlo ; )

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