Siempre nos enamoramos como no debemos

Ayer volví a ver una película que me hizo sonreír hace mucho tiempo: Mamma Mía. El argumento es muy simple: una “pobre” niña de 20 años se va a casar con su perfecto novio en el perfecto hotel de su madre en la perfecta isla griega y con las perfectas amigas de la infancia. Lo único que le falta es un padre. Su madre fue muy “fresca” a su misma edad y tres eran los posibles progenitores de la rubia. Al final… ya no recuerdo lo que pasaba porque no pude terminar de verla. Ni pude, ni quise. Pero al final, la niña guapa se casa con su perfecto novio en un sitio increíble del que dije tiempo atrás: “Yo quiero casarme allí”.

Se llama Skopelos y está en Grecia, concretamente en Tesalia. Si alguien se ofrece a llevarme al altar que tenga muy claro que me rendiría a sus pies si lo hace aquí.

A lo que voy. Creo que las mujeres idealizamos a nuestro hombre ideal, nuestro futuro ideal y nuestros hijos ideales. Pensamos que lo tendremos todo resuelto, que el primer beso que nos demos con un chico será el mejor beso del mundo mundial y que si ya quedamos con él para hacer cualquier otro plan “al día siguiente” se va a convertir en nuestro novio perfecto. Pero nunca pasa. Nunca ocurre algo tan perfecto, nunca tenemos lo que esperamos y siempre pensamos que estamos enamoradas de quien no debemos y, en realidad, estamos enamoradas de la persona, que hasta que se decida lo contrario, es la perfecta.

Nunca podemos arrepentirnos porque mientras lo hacemos estamos disfrutando, estamos sintiendonos las mejores novias/os del mundo (hoy no me meto con el género masculino, lo siento chicas, si queriais carnaza tendréis que esperar) y hacemos que nuestra relación sea algo extraordinario. No importa qué pase al día siguiente, somos felices. Pero como consejo mejor no crearse falsas expectativas en la mente porque nos acabarán decepcionando.

Y hasta aquí el momento ñoño. El otro día salí de fiesta con una de mis mejores amigas, hacía años que no lo hacíamos y volvimos a casa cuando los pajarillos ya estaban cantando. Conocí a un chico. Guapo, interesante, con camisa y con buen trabajo (de esos que diría tu madre: “hija, este te conviene que tiene cuartos”). Desde que le vi idealicé el momento (y no voy a decir qué momento, mentes pervertidas). Me decía a mi misma: “jolin, qué guapo, pero seguro que no le gusto” (sí, pensamos así, no me lo podéis negar). Y por tonta, por tanto pensarlo, me quedé con las ganas de saber si podría ser correspondida. ¿Quién de vosotros/as no ha pasado por lo mismo? ¿Quién no ha pensado que esa persona podría ser la perfecta? Pues os digo una cosa, yo no voy a buscar más. Como dice mi madre: “siempre hay un roto pa’ un descosío”. El próximo día dejaré de pensar tanto y actuaré, que la vida son dos días (o two days) y hay que aprovecharlos!

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