El final

Llevo varios años viendo Anatomía de Grey. Viendo cómo los residentes de primer año llegan con las pilas cargadas todas las mañanas para hacer suturas, operaciones y algunos escarceos amorosos en las habitaciones de guardia. A lo mejor la realidad no es así, pero este verano creo que he podido sentir lo que ellos experimentan. Varias personas siempre me han felicitado por mi forma de escribir y yo nunca les he hecho caso. Intento ser humilde con lo que hago aunque me guste destacar por encima de los demás, creo que no es malo si lo haces con buena fe.

Hoy me siento George el día que Richard le dijo que tenía que repetir el primer año de residencia (los que sigáis la serie me seguiréis). Me quedan 3 días para disfrutar de estas prácticas en el diario más longevo de nuestro país y recuerdo el primer día como si fuera ayer. Entré ilusionada, con el tirante de la camiseta roto, pero disimulándolo como pude. El jefe nos reunió en la gran sala, con el busto del señor fundador mirándonos fijamente. ¿Qué estudiáis y dónde?, nos preguntó. Le dije que me encantaba deportes, que me quería dedicar a ello y me asignó a esa sección. Con el paso de los días me fui dando cuenta de que eso no era lo mio, que era un mundo lleno de virilidad en el que la mujer no está bien vista a no ser que tengas una cara bonita o seas hija de…

Mi compañera, Leticia, a la que echo de menos una cantidad que ni ella misma puede hacerse una idea, me alegraba las mañanas, si no hubiera sido por ella, cuántos días hubiese salido llorando de allí. ¡Qué injusticias!, decíamos. ¿Te acuerdas? Cuando nos tocaba firmar una noticia enseguida nos la pasábamos para verla, nos asombraba ver el nombre de la otra en tamaño diario.

Han pasado tres meses desde que crucé el umbral, desde que cambié el estuche por un simple boli, desde que dejé la libreta en casa para apuntar en cualquier trozo de papel las órdenes de arriba. Cuando mi diario de gmail echa humo por la cantidad de noticias que me pueden mandar en un día. Casi dos meses desde que hablé con el corresponsal en Mauritania. Parece mentira que desde tan lejos pudiera sentirlo tan cerca, igual era por la ilusión con la que contaba las cosas o con la que yo transcribía lo que me relataba.

Recuerdo el día que entré pero no me imagino todavía el día que voy a salir. No quiero imaginarmelo porque he cogido cariño a todas y cada una de las personas con las que paso horas y horas durante la semana, y los fines de semana. Cris, Inma, espero que cuando volváis de vacaciones yo siga sentada en mi silla, porque eso significará que me han renovado. Javi, Daze, gracias por las noticias de deportes que he podido hacer, nunca pensé poder hacerlas. Érika, gracias por tus piropos, no sabes la alegría que me das todas las mañanas. Luismi, que será de ti sin mis cigarros eh? Amaia, nuestra falta de comunicación unida a mi dislexia esporádica nos ha causado buenos ratos! Gracias! Y Mario, GRACIAS por haberme enseñado tanto, al final me gustará la economía 🙂 Y a mis compañeros becarios, gracias por compartir el mismo sufrimiento, algún día seremos recompensados.

Espero que el jueves pueda decir que no es mi último día, porque no me gustaría despedirme de ese lugar. Aunque todas las mañanas esté en el atasco blasfemando, sé que cuando llego a la redacción todo se disuelve porque hago lo que realmente quiero aunque a veces sea tan parca en palabras. Creo, que le he cogido el gustillo a esto del periodismo y no quiero soltarlo durante mucho tiempo…

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